viernes, 26 de marzo de 2010

Pascua sin pestiños ni boniatos


A diferencia de lo que sentía cuando se acercaba la Navidad, ahora percibo que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Quizás porque el tiempo de la Cuaresma es más largo y pesado que el Adviento. Para llegar a la Pascua ha habido una buena preparación: las oraciones se han multiplicado, la gente ha hecho muchos días de ayuno, se han aumentado las colectas para atender a los más pobres y necesitados, cada viernes y en cada poblado las pequeñas comunidades de católicos han salido por sus calles siguiendo al Crucificado, cada grupo y movimiento ha realizado una peregrinación hasta otro poblado o hasta mitad del bosque para recordar al pueblo de Israel que anduvo por el desierto, también han tenido otro día de retiro, charlas, reflexiones, formación, confesiones...
En el aspecto exterior nada ha cambiado. No huele a incienso por las calles; no se escuchan ensayos de bandas de música; no he podido escuchar una saeta ni una marcha de Semana Santa, ni siquiera en mi ordenador, ya que éste murió y he perdido toda la música que traje; los santos de las iglesias no han cambiado de vestuario ni de ropa, quizás porque aquí no hay más santos que los que se sientan cada día en los bancos; no hay pregones, novenas, triduos ni quinarios; no hay mantillas, medallas, túnicas ni capirotes; no hay levantás, fajines ni pasos; no huele a pestiños ni boniatos; no hay vacaciones hasta el mismo Viernes Santo; y por supuesto nadie estrenará el Domingo de Ramos, ni llevaremos olivos en las manos.
Hay algo que sí ha cambiado, es el cartel de la misión que ya lo he acabado. Había reservado un espacio en blanco donde he dibujado en color rojo pasión, rojo redención, una gran cruz. He escogido la cruz redentorista, con los símbolos de la pasión y la presencia del Espíritu que Jesús nos dejó en el momento de su muerte. Con ésta cruz he querido testimoniar el paso de tantos misioneros que han anunciado la abundante redención del Crucificado-Resucitado, tantos que por Tiébissou han pasado y se han gastado, e incluso en este país su vida han dejado como fue el caso del P. Carlos.
La cruz ha sido una buena oportunidad para dar una pequeña catequesis a quienes venían a preguntarme qué significaba todo eso. Muchos de los jóvenes que se preparan para el bautismo eran capaces de reconocer la cruz, pero no sabían del significado de los elementos de la pasión como los clavos, el INRI, el monte Calvario, la esponja o la lanza. Algunos otros, a los que les dije que en ese espacio en blanco estarían representados, han venido a decirme que les había engañado. Yo les invitaba a volver a mirar la Cruz, y a descubrir que en ella estábamos todos representados, pues en la Cruz es donde Cristo nos ha salvado a todos y cada uno de nosotros. Ahí, en cada trazo del pincel ha quedado dibujada nuestra historia.
Pero esta vivencia de la pasión como misericordia, amor, perdón y salvación, no es vivida de la misma manera por todos los que dicen llamarse cristianos. Esta mañana un joven me contaba preocupado, cómo su novia que pertenece a una “iglesia Evangélica” le dice que su Dios no es el mismo de los católicos y que estamos equivocados. El joven dice estar cansado de oír a su chica hablar de que todo es pecado, de que estamos condenados, del diablo, del castigo divino, de milagros y espectáculos. Está cansado de verla sufrir y llorar por su propia condena. Cansado de oírles orar gritando cada uno por su lado. Cansado de ver la falta de libertad de su novia cuando ha sido “obligada” a poner como favorito de su móvil al “pastor” de esa especie de “iglesia” que cada domingo le llama para “dirigirla”. En algo estoy totalmente de acuerdo con esa chica, en que si ese es el dios en el que creen, ese no es el dios de Jesucristo, y por tanto ese no es el dios de los cristianos.
Como pude comprobar hace unos años durante la misión en Honduras, estoy viendo como también en África puedes encontrar todo tipo de iglesias bajo el título de “cristianas”. Una al lado de la otra, y cada cual con los equipos de sonido más potentes para impedir a su vecino que su palabra sea escuchada. Aquí las “iglesias” nacen como champiñones de un día para otro. Es normal en países pobres, donde muchos se aprovechan de la pobreza y de la miseria de esta gente. Muchos quieren sacar tajada del débil, del desesperado, del que nada tiene ya que perder y está dispuesto a entregarlo todo esperando que llegue el milagro que le cambie toda la vida. Pero desgraciadamente éste no va a llegar y la persona va a hundirse aún más en su desgracia. Estas “iglesias” no son salvación para nadie a excepción de los “pastorcillos” de turno que ven aumentar sus ingresos.
Cuando leo los Evangelios para el Domingo de Ramos, veo que poco ha cambiado desde los tiempos de Jesús. Cuando Jesús entra en Jerusalén, dice Lucas, que las masas comienzan a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto (Lc 19, 37), y el mismo Herodes se alegra mucho al ver a Jesús, pues esperaba verle hacer algún milagro (Lc 23, 8). Pero cuando la gente va en busca del milagro y del espectáculo (Lc 23, 48), es cuando Jesús no baja de la cruz y decide amarnos hasta el extremo con su vida. Es cuando Jesús no juega a la magia como un tal Coperfild que desaparece delante de los ojos de los espectadores y sale huyendo. Es cuando Jesús decide permanecer en la cruz, muerto, crucificado y traspasado a la vista de todos, hasta más tarde ser bajado por otros y depositado en la tumba.
A las puertas de celebrar el gran Misterio Pascual, te digo Jesús: ¡Gracias por seguir salvándonos en las cruces que cada día portamos, sin milagros ni espectáculos, sin pestiños ni boniatos!

jueves, 18 de marzo de 2010

Somos de colores

En muchas ocasiones hemos oído eso de “no todo es blanco o negro, existen los grises”. En África estoy descubriendo, que justo lo que no existe son “los grises”. Aquí existen los colores y los matices. El gris es el color de los tibios, y aquí uno no puede ser tibio.
Cuando en cada saludo preguntas “comment ça va?” (¿cómo vas?), la respuesta nunca será ni “muy mal”, ni “demasiado bien”. La mayor parte de las veces escucharás “un peu” (un poco), que puede ser “un poco bien” o “un poco mal”, para no dar muestras de una salud excesiva que puede ofender a quien está a tu lado y no la tiene, y para no dar lástima a quien te pregunta y dejarlo preocupado. Una vez que vas conociendo a la gente, sabes que “un peu”, casi siempre es “un poco mal”, y que tienen algún problema o alguna enfermedad. Cuando preguntas por la causa de su mal, “je suis palú” (tengo paludismo) es su respuesta habitual. Pese a su mal, nunca son personas grises, y siempre te responderán con una gran sonrisa, un estrechón de manos y un repetido “merci mon frère” (gracias hermano). Creo para el africano es más difícil caer en depresión que para nosotros.
Blanco y negro son dos extremos que aquí no tienen cabida, por más que los niños me llamen “tubabú”, “blonfué” o “le blanc” (el blanco). Los jóvenes más osados observan mis brazos y levantan un poco la manga para descubrir que debajo, mi color es mucho más claro. Rápidamente levanto un poco la camiseta y pongo mi brazo al lado de mi barriga, provocando sus risas y sus palabras de “¡tiene dos colores!”, y respondo que hasta tres si llegan a ver otras partes aún más claras que no es cuestión de mostrarles. Ellos sienten con orgullo que mi color cada día esté más próximo al suyo, y a la vez saben que la diferencia entre los hombres no es tan grande. Yo les digo que todos los hombres y mujeres somos del color de la tierra secada al sol de la que fuimos formados. En África la tierra es más rojiza y oscura, mientras en España es algo más clara, pero que se puede oscurecer.
Casi todas las tardes saco un rato para visitar a los chicos que viven en el Foyer (Hogar de Estudiantes) de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro que tiene la misión. Son jóvenes que realizan un gran esfuerzo para sacar adelante sus estudios en un medio en el que carecen casi de todo. Cuando me ven llegar encuentran en mí una oportunidad para preguntar y resolver muchas de sus dudas y curiosidades. Sus cuestiones muchas veces son para comparar mi país con la Côte d’Ivoire, y casi siempre yo evito dar muchas explicaciones para que la comparación no resulte ofensiva. No todo es blanco o negro… existen los colores.
Entre sus cuestiones: “¿estudiáis los mismos años que nosotros?”, “¿estudiáis las matemáticas, la historia y el inglés?”, “¿también la educación física, la plástica y la música?”, “¿tenéis piscinas en los colegios?”, “¿tenéis ordenadores?”, “¿y hay alguna biblioteca como ésta?”, “¿y un foyer como éste?”, “¿tenéis “caquis” (el uniforme)?”, “¿los alumnos van a clase en bus?”, “¿hacéis el Bac (Selectividad)?”, “¿hay universidades?”…
Entre las respuestas, algunas les parecen imposibles de creer, como que en cada clase haya unos 30 alumnos, frente a los 90-100 que aquí hay. Cuando otro día les explicaba el proceso educativo, y les decía de manera simpática que después de la etapa de la universidad, viene la etapa del paro, nadie creía que en España pudiese haber parados. Otro joven hoy me preguntaba si había mendigos que pedían por la calle. Ante la respuesta afirmativa el joven se ha quedado paralizado y me ha dicho: “Jamás podré imaginarme a un blanco mendigando. Vosotros allí tenéis trabajo y bienes para todos”. Sus respuestas también a mi me dejan paralizado y sin más palabras que las de Jesús: “pobres los tendréis siempre con vosotros”.
En este V Domingo de Cuaresma encuentro una invitación a levantar la cabeza, a mirar adelante, a caminar hacia el futuro, a reponernos de nuestros pecados y debilidades como hace la mujer adúltera. Jesús hoy escribe en la tierra nuestras pobrezas y pecados y los borra como figura de arena que se desvanece en la playa. Pobrezas y pecados de todos, de un continente y de otro que nos hacen solidarios en la fragilidad de la condición humana, pero que quedan perdonados para poder abrirnos nuevos horizontes. Éstos somos los hijos de Dios.
Siento que estos jóvenes que buscan saber de otros países, de otras razas, de otros continentes, están descubriendo que “algo nuevo está brotando” y “se lanzan hacia adelante corriendo hacia la meta para alcanzar el premio al que Dios nos llama en Cristo”, que es el del poder llamarnos HERMANOS, pues somos hijos en el Hijo.
Recuerdo antes de despedirme la letra de una canción de Tonxtu que decía así: “Somos de colores. No tenemos ni nombre, pero tenemos algo que por la noche se esconde: un gran sol, un sol dorado…”.
Sólo tenemos a Jesucristo, el Sol dorado, la Luz del Mundo que resplandece desde la Noche de Pascua, y que nos hace particulares, que nos pinta de colores a los que hemos sido creados iguales del barro de la tierra.

viernes, 12 de marzo de 2010

Misión, un lienzo en blanco

Uno de los objetivos que me propuse como parte de mi misión en Costa de Marfil, era compartir con amigos y conocidos experiencias y reflexiones que viviese durante este año de pastoral. A pesar de algunas dificultades técnicas, Dios me regala la posibilidad de comunicarme con cierta periodicidad, y acercaros un poco más esta realidad del continente africano.
Uno se siente prismáticos y altavoz, instrumento por medio del cual muchos están pudiendo conocer y descubrir a estos hermanos, sus tierras y cultura.
Por medio de lo que voy escribiendo y otras iniciativas, jóvenes y niños de algunos colegios y grupos parroquiales han contactado y escrito a jóvenes y niños de Costa de Marfil, iniciándose un primer acercamiento, posibilitando un mutuo conocimiento.
Uno siente que gracias a internet y las redes sociales, la Iglesia hoy es más católica, más universal que nunca. No importa a cuantos llega esta misión; me basta saber con un email, un sms, una llamada, una carta, que muchos rezáis por esta gente y esta Iglesia. Saberse y sentirse sostenido cada día por la oración de todos vosotros, anima y fortalece mi fe para seguir comprometido con el Evangelio.
Hay mensajes de los que he recibido que simplemente me sonrojan, cuando me llaman “poeta”, “escritor” o “artista” por aquello que he escrito. Mensajes que me emocionan cuando me dicen sentirse comiendo o caminando con este pueblo Baoulé como si estuviesen a mi lado. Hay mensajes que parecen proféticos cuando me preguntan qué es lo que estoy pintando para describir la realidad que veo como si se tratase de una colorida acuarela que tanto me gusta dibujar.
El lunes hará dos semanas que ando entre brochas y pinturas. No se trata de un dibujo en papel, sino del muro de la parroquia, lo que estoy pintando. Cuando llegué a mediados de febrero a Tiébissou, vi que el cartel que anunciaba la Misión estaba muy estropeado. Alguien me dijo que podría pintarlo y acepté encantado. Nunca pensé que un trabajo me diera tantas posibilidades de conocer y estar cerca de la gente.
El cartel en cuestión hace chaflán, en la esquina de la tapia de la iglesia y mide más o menos 3x1,75 m. En el terreno de la Misión se encuentra la iglesia, dos escuelas católicas, las casas de los maestros, la comunidad de los misioneros redentoristas y el foyer de chicos, la de las carmelitas y el foyer de chicas, la biblioteca, el campito de futbol, apatanes y salas de reuniones. Todo está atravesado por el camino que lleva a los poblados y que es la ruta que cada día toman más de cuatro mil jóvenes para ir a los institutos que se encuentran al final de la cuesta. Justo al otro lado del cartel está la gruta de la Virgen de Lourdes, titular de la parroquia, y confidente de todas las conversaciones que estos días estoy teniendo con tantos jóvenes, por los que a buen seguro está intercediendo.
Paso horas y horas viendo a jóvenes pasar como una auténtica riada, que en ocasiones se sale de su cauce para en el remanso del chaflán de la iglesia hacer una pausa junto al cartel de la Misión y conversar un rato con el pintor, el misionero, el padre, el hermano, el amigo, el blanco o el español, como cada uno se le ocurre llamarme. No tengo ningún remordimiento de dejar de lado los pinceles y conversar con ellos el tiempo que haga falta. Las conversaciones son de todo tipo, desde los que estudian español y quieren hablar un rato, a los que quieren bautizarse, o te quieren hacer alguna pregunta sobre la Iglesia, la fe o los misioneros. Muchos se interesan por mi país y mi familia. Otros se te quedan mirando simplemente aprendiendo del trabajo que estoy haciendo. Los hay que vienen ya todos los días a saludarme o a presentarme a sus amigos o a sus profesores. Los hay que quieren ser pintores, hacer caligrafía, geometría, artes, arquitectura, y ven en el cartel una posibilidad de aprender. Los hay que quieren enseñarme a hablar bauolé, a danzar, a cantar, a comer sus platos típicos e incluso a jugar al futbol. Los hay que miran mi color bronceado de piel, que me tiran de los pelos de las piernas, que admiran mi cabello. Los hay que simplemente quieren ayudarme y se ponen a raspar, a sujetar las reglas, a coger la brocha, a mover la pintura o a fijar la cinta adhesiva. Algunos empiezan a poner faltas, pero sus amigos los callan rápidamente, y otros, sin llegar a saber por qué, me dicen “gracias” cada vez que pasan. Y los hay samaritanos que me ofrecen la bolsita de agua o el bote de refresco.
Al final de la tarde llega mi momento preferido, cuando los niños salen de la escuela y se te echan literalmente encima, temiendo por la limpieza de la lenta obra. Es el momento de la distensión y empezar a recoger, amenazando con pintar a algún mocoso de blanco para que sea como yo un auténtico “blonfued”. Les he enseñado una canción y a bailar el “chipi-chipi” y cada tarde me piden que les enseñe un nuevo movimiento del baile, así que es necesario hacer un poco más el payaso y bailar con ellos.
El muro ha pasado por diferentes etapas que pueden recordar al proceso cuaresmal. La semana pasada fue el raspado y limpieza, y en el fin de semana estaba ya pintado enteramente de blanco. Es como más bello me parecía, parecía un espejo en el que todos los que se paraban se veían reflejados. Cuando los curiosos querían saber que iba a dibujar, les pedía una foto para poner sus caras o sus nombres en el muro, y ellos reían. Confieso que es lo que verdaderamente me hubiese gustado hacer, pintar ese lienzo blanco con todos ellos. Esta semana comencé la escritura y el diseño, y a introducir la pintura de color, si bien he reservado un espacio para la sorpresa. Ya comienza a poder leerse “Mission Catholique – paroisse Notre Dame de Lourdes”, y los más críticos ven que la pintura no está quedando perfecta y hay algún chorreoncito, lo que aprovecho para recordarles que perfecto sólo es Dios, y eso nos recordará nuestras limitaciones. Pese a todo no he acabado y serán necesarios algunos retoques posteriores. Espero que cuando llegue la Pascua el cartel esté acabado, y cada vez que lo mire veré en él a toda la gente que junto a él se ha parado y me ha animado.
Cuando algunos me preguntan dónde voy a firmar la pintura, respondo que en ningún sitio, y recuerdo aquello que una vez aprendí sobre las espléndidas catedrales, cuyo autor humano era desconocido, y que tenían como único arquitecto al mismo Dios para quien estaban siendo construidas. En este IV domingo de cuaresma, me encanta escuchar la frase que el Padre da al hijo mayor, “todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte”. Esa es la grandeza de la Misión, poder compartir aquello que cada uno hemos recibido y que pertenece a todos, sin derechos de autor, y alegrándonos todos por ello.
No cabe duda que tras el cartel de la Misión también veré dibujados a los que este año os estáis parando a mi lado en esta pantalla del ordenador. Gracias de corazón hermanos¡

lunes, 8 de marzo de 2010

La Pascua de la Tierra

Dos expresiones sobre la tierra podemos encontrar en las lecturas de este Domingo III de Cuaresma: Cavar la tierra y pisar tierra.
Venimos de celebrar una conferencia sobre el cambio climático en Copenhague, estamos conmovidos por los terremotos de Haití y otros países, y nos sobrecogen las imágenes de las inundaciones que estamos teniendo en nuestras tierras. Las preguntas y las investigaciones sobre el comportamiento del planeta se suceden.
África ama y respeta la tierra de una manera única y no siempre comprensible para los que no pertenecemos a esta cultura.
Recuerdo que las primeras fotos que tomé en Costa de Marfil fueron a la hora de la puesta de sol, que es cuando la tierra toma esos colores rojizos y anaranjados que tanto enamoran al extranjero. A mí me cautivaron desde la primera imagen. Los colores cálidos hacen creer que la tierra te acoge verdaderamente como a uno de sus hijos nacido en ella.
En España cada vez estamos más acostumbrados a vivir de espaldas a la tierra, vivimos sobre asfalto y ladrillo, y ver la tierra supone toda una aventura. Eso en África sería imposible. Aquí se camina por la tierra, los suelos de las casas son de tierra, y sus muros son de tierra, incluso se respira la tierra cuando estamos en la estación del Armatán en la que una nube de polvo rojiza envuelve todo.
En Tiébissou estoy conociendo numerosos poblados. Me encuentro en el corazón del Pueblo Baoulé. Para ellos todo el que no ha nacido en el poblado es un extranjero, a quien hay que acogerlo con la mayor hospitalidad. Es necesario hacerlo sentir cercano a su tierra para que deje de ser extranjero. Por eso el primer gesto es ofrecerte asiento. El jefe que te va a recibir, nada más verte llegar de lejos ya ha enviado a uno niño a buscar la silla baoulé en la que me voy a sentar. Es muy cómoda y muy baja, con lo que estás casi sentado en el suelo, tocas la tierra con las dos manos, como si la acariciaras mientras te están dando la bienvenida. Cuando me doy cuenta ya tengo como ellos mis pies descalzos, sintiendo la sacralidad de esta Tierra. El Baoulé sabe como Moisés que la tierra que pisa es sagrada, por eso camina con cuidado, como acariciándola para no despertarla. El Baoulé sabe que es necesario tratarla así para que el Dios que la ha creado no se enfade con el hombre. El Baoulé no necesita más explicaciones científicas sobre cambios climáticos para saber que la tierra está en sus manos.
A continuación me ofrecen de beber. Como vaso una especie de calabaza y por bebida un vino de palma fruto del trabajo de los hombres del poblado. Pero antes hay que tomar un poco de agua, y derramar antes de beber, un chorro de agua para calmar la sed de la Tierra. El agua que la Tierra y yo hemos recibido me habla de hospitalidad y de hermandad, me habla del barro del que todos hemos sido creados. Este gesto lo he tomado como símbolo para esta cuaresma, en la que convertirse y creer en el Evangelio no es otra cosa que actuar como hermanos hechos de un mismo barro.
Y un par de paisanos están regresando del campo. Vienen con el machete en una mano y la daba sobre su hombro. A toque de suaves golpes han estado trabajando, cortando la hierba y totalmente doblados han estado cavando con esas azadas de mango tan corto. Al lado de donde estamos sentados, unas mujeres y algunos niños están barriendo igualmente totalmente doblados, dejando sobre la tierra los bellos trazos de las varas del escobón como ninguna solería podrá reproducir jamás. Desde que llegué a África me había estado preguntando porqué no utilizaban mangos largos para azadas y cepillos, trabajando erguidos y más cómodos; hoy creo que para esta gente eso no sería más cómodo, y además trabajando doblados pueden tener su corazón mucho más cerca de la Tierra y sentir su latido acompasado y apasionado, escuchando incluso como algo nuevo está brotando desde dentro, como los frutos de la higuera, o del mango bajo cuya sobra nos encontramos, van abriéndose paso.
Como la escena de Abrahán en la Encina de Mambré (Gn 18, 1ss), hoy la hospitalidad de estos paisanos bajo el Manguero de Yeboubo me hablan de que estamos cerca de la Pascua de la Tierra.

sábado, 20 de febrero de 2010

I Cuaresma: manifestaciones, ayuno y poblados

Este viernes ha sido el primero de la cuaresma, para los cristianos es día para abstenernos de comer carne, gesto de todas esas cosas superficiales de las que nos podemos privar cada día.
En África es fácil privarse y abstenerse de esas cosas superficiales, simplemente porque no las tienen. En alguna cuaresma me propuse como gesto privarme del chocolate, y recuerdo lo que me costó mantenerme sin probarlo. También uno reduce la cantidad de comida y ve que no muere de hambre por ello.
En una formación de catequistas ante la pregunta ¿de qué se podría ayunar en esta cuaresma? sus respuestas por escrito fueron éstas: “Bebida (II), alcohol (II), drogas, cigarrillos (III), vicios como la habladuría excesiva (crítica), las salidas y las relaciones sexuales (II); placeres carnales, placeres sexuales, los audio-visuales (películas), juegos peligrosos, medicinas tradicionales.” Esta lista me sorprendió por las cosas que aparecían y que nada tienen de superficiales, quizás es sus casos, las habían incluido simplemente por el excesivo abuso de las mismas; también me sorprendió la ausencia de referencias alimentarias al hablar del ayuno.
Cuando aquí hablan de estas cosas, a nadie se le ocurre privarse del “attiéké”, el plato más popular de Costa de Marfil, una especie de granos sueltos hechos con harina de la mandioca y que se acompaña con todo, algo así como unas migas suelta, en muchos casos es lo único que tienen para poder comer. Por supuesto que tampoco se les ocurriría reducir su alimentación puesto que puede que sólo y con algo de suerte, muchos de ellos coman una vez al día.
Este viernes ha sido día de salir a los poblados y visitar a las pequeñas comunidades de cristianos que tras muchos años poco a poco se van formando. Acompañé al padre Gérad, un redentorista francés, a Lomokankro (Poblado del interior del chef Kan). Al atravesar la carretera vemos que empiezan a congregarse los primeros grupos de manifestantes por la difícil situación socio-política que atraviesa el país.
Llegamos al poblado temprano, y allí ya están esperando los primeros cristianos que reciben la llegada del padre y el nuevo con gran cordialidad. El poblado me parece lejísimos, hemos ido atravesando otros tantos poblados dispersados a lo largo de la pista, siempre llenos de gente entorno al árbol o al fuego de la cocina, sentada o recostada. Son típicos, de casas de barro y paja y algunas de bloque, las menos. Los niños, medio vestidos o medio desnudo, cerca de la pista juegan, pelean y saludan al que pasa. Cuando vi el plano, vi que este poblado es de los más cercanos e importantes a los que vamos, ¿cómo serán los otros?
En el pórtico de una casa se va a celebrar la eucaristía, como hacían los primeros cristianos. No hay hora fija, pero se hace tiempo para que los cristianos vayan llegando. Detrás de la casa están construyendo su humilde capilla, también de barro. Conocen a todos los redentoristas españoles que por aquí han ido pasando, por supuesto que también hablan de Carlos. Cuando hablo con ellos de todos mis hermanos, siento un gran orgullo y doy gracias a Dios por cada uno, y por permitirme formar parte de esta bella y apasionante misión.
Son unos 30 adultos, mujeres en su mayoría, más una docena de niños, la mayor parte bebés. No por ello faltan todos los ministerios posibles que ya hay o que aquí han inventado: lector, traductor, acomodador, orden, danza, limpieza, director, coral, colecta, avisos…
El Catequista es un joven líder, Guillermo dice ser llamado por los españoles. Todos me acogen con gran cariño entre ellos y me nombran desde ya el nuevo cura (párroco) de su comunidad, ésta gente no deja pasar las oportunidades. La verdad que es fácil que te roben una parte de tu corazón con estos chantajes emocionales. “Dios dirá” es una buena respuesta para no crear falsas esperanzas.
Me sorprende que sólo 5 personas hayan comulgado. Esto indica lo lento que es el crecimiento de estas primeras comunidades.
Pasamos toda la mañanao con ellos, hablando y resolviendo problemas teológicos y prácticos que no saben resolver del tipo “¿qué bautismo es mejor el de inmersión o de aspersión?, dicen que el segundo no vale”; “¿puede una católica ayudar a una “celeste”(secta) a ayunar para conseguir una gracia por un problema en su familia?” Quiero ver detrás de estas cuestiones un deseo de mantenerse fieles a la fe recibida y no desviarse rápidamente. El tema de cohabitaciones, concubinatos, poligamia, o resistencia ante el matrimonio son de las mayores obsesiones y problemas de estas comunidades.
Mientras se resolvían los problemas, me he puesto a tocar el tantán y tratar de aprender a tocar el ahokó, ese palo con espiral y un par de semillas que llaman instrumento musical. Es fácil ganarte a esta gente interesándote por sus costumbres, cantar como ellos, danzar o tocar sus aparatos, así como jugar, tocar y besar a sus hijos, algo que les asombra muchísimo que haga un blanco.
Antes de llegar a cada poblado encuentras una gran y densa arboleda que llaman el “bosque sagrado”, junto a él está el cementerio, donde me llama la atención ver las tumbas con cubos de agua boca abajo, que dicen que es por si el difunto en la otra vida tienen necesidad de lavarse. También hay sobre la tumba objetos personales como las sandalias que llevó en su peregrinar por este mundo. A los pies de la tumba varias botellas vacías y clavadas boca abajo en la tierra, con la que regaron la tierra el día del entierro con el fin de emborrachar al difunto antes de entrar en la otra vida. La imagen es sorprendente, en lugar de cruces ves cubos y botellas. En estos poblados las condiciones son mínimas. Tienen luz en sus casas (cuando el gobierno no nos la corta), pero el agua tienen que ir a buscarla bien lejos. He visto a varios niños con las cabezas llenas de llagas, o las manos con heridas desde muy pequeños, y no creo que tengan muchas posibilidades reales de curarse.
Gèrad me ha ofrecido el poder quedarme en algún poblado durante algunos días, para vivir con ellos, así como instruir al catequista y los fieles a modo de cursos intensivos de pastoral. Creo que sería muy interesante y apasionante.
En la tarde-noche tuvimos, ya en el pueblo de Tiébissou, el primer “Camino de la Cruz” (Viacrucis), creo que seríamos más de 400, y verdaderamente impresionaba verlos caminar en la oscuridad, o arrodillados ante cada estación. Muy sorprendente ha sido ver tal cantidad de chicos y chicas jóvenes tan recogidos y rezando quizás por su país, y contrastando con los que esta mañana se estaban congregando para la manifestación contra el presidente.
Éste ha sido mi primer viernes de cuaresma en misión, y verdaderamente lo he disfrutado.
Miguel C.Ss.R.

martes, 16 de febrero de 2010

Mirando a lo escondido de África: un pueblo en marcha

Mañana comienza el tiempo de Cuaresma. Cuarenta días y cuarenta noches para caminar por nuestros propios desiertos. No lo hacemos solos, sino con todo el Pueblo de Dios que camina por el mundo.
Cuando llegas por primera vez a África y empiezas a moverte por sus, llamémosle carreteras, una de las cosas que empieza a sorprenderte es ver a sus gentes todo el día en marcha. Si viajas de día, caminan; si viajas a la hora de la siesta, caminan; si viajas en la tarde, caminan; si viajas en la noche, caminan; y si te crees que has madrugado más que nunca para viajar, caminan. Lo hacen por todas partes, por la derecha y por la izquierda, por carreteras, caminos y veredas. Lo hacen solos o acompañados, mayores y jóvenes, hombres, mujeres y niños.
De modo especial se queda grabado en tu retina esa fila de niños ordenados de menor a mayor y que acaba con la madre con el último bebé sobre su espalda y el penúltimo de la mano. Todos portan sobre sus cabezas alguna mercancía en función de su edad y peso, desde una pieza de mandioca el más pequeño, a la alta torre de panes que la mamá lleva para vender en el mercado. Me recuerda, salvando las diferencias, a la Columna de Nube que acompañó y protegió al pueblo de Israel durante su peregrinar por el desierto.
Para llegar a Bouaké desde Abidjan hay que coger la carretera principal que va de sur a norte y que está repleta de grandes camiones que llevan mercancías desde el puerto a los países del interior de África. Me sorprende ver a las gentes a ambos lados del camino marchar junto a estas grandes máquinas, sin perder el equilibrio, sin perder su ritmo, sin perder el tiempo ni el camino, y lo más importante, sin perder el horizonte.
Estos son los peregrinos de África, los que cada mañana comienzan un nuevo Éxodo. Conocen a donde tienen que llegar, cual es su tierra prometida, que deben hacer, cuanto vender, cuánto tiempo habitarla. Saben lo que buscan y luchan por alcanzarlo. Su cuaresma dura apenas una jornada, justo hasta la puesta de sol cuando tengan que hacer el camino de regreso para volver a sus poblados, muchas veces portando la misma carga, que trataran de vender mañana iniciando una nueva cuaresma de otra jornada. Conocen la promesa, pero aún no la han recibido, ya que este mundo se ha encargado de quitársela.
También en los poblados y en la ciudad la gente marcha. Desde que llegué a Côte d’Ivoire me he preguntado por qué lo hacían, y qué irían pensando mientras caminaban. Durante estos cinco meses me he visto marchando por calles y caminos de nuestro barrio, sólo o acompañado, conversando o simplemente caminando al lado unos de otros. No sé muy bien por qué lo hago, ni en qué voy pensando, pero sí qué es lo ando buscando: al Dios de la Vida que sale en cada uno de los hombres y mujeres que me voy encontrando.
No siempre lo acabo encontrando, y como la mamá que cada día se pone en marcha para vender lo que ayer no fue posible, tendré que volver mañana hasta lograr reconocerlo allí en lo secreto y en lo escondido donde Dios ve y donde Él habita y habla, como nos dice Jesús en el Evangelio de hoy (Mt 6, 1ss).
Esa sigue siendo mi tarea durante esta Cuaresma en África. Descubrir que es lo que Dios ve en lo secreto y en lo escondido. Descubrir al mismo Dios que habita en lo secreto y en lo escondido de cada uno de nuestros hermanos y en lo más profundo de mí ser. Quizás sea ahí donde podamos encontrar la Promesa que todos buscamos.
Mientras tanto ya he comenzado este tiempo de Éxodo y he cambiado de comunidad. Ahora estoy en Tiébissou donde espero conocer esta misión más rural y de poblados. El paseo por las calles del destartalado mercado me ha encantado y empapado al recibir una abundante y reconfortante lluvia, de agua y manos estrechadas.
Por otro lado, el país está harto de falsas promesas y prefiere seguir buscando sin perder de vista el horizonte de su vida, sin dejarse tumbar por camiones que tratan de desestabilizarlos. Tras un día de tregua, hoy han vuelto los cortes de electricidad y de agua. Supongo que seguiremos sin gobierno ni comisión electoral. El presidente sigue dando sus propios golpes al Estado, hasta dejarlo totalmente incapacitado para elegir en libertad un nuevo presidente, que ya toca (10 años en el poder sin elecciones, ni siquiera las ganó hace 10 años). El pueblo aún está muy tocado por la reciente guerra y el miedo no se ha ido todavía, por lo que nadie aquí opina ni habla.
El PUEBLO, en éste como en todos los tiempos, MIRA su Horizonte y simplemente MARCHA.
Nuestro DIOS, en éste como en todos los tiempos, MIRA en el Interior y CAMINA a nuestro lado, en el desierto o en ÁFRICA.
¡Buen tiempo de Cuaresma!

viernes, 22 de enero de 2010

Celebrar y festejar

Llevo tiempo queriendo retomar estas páginas, si bien no encontraba la inspiración, el ánimo ni la ocasión para hacerlo. He tenido que pasar por un largo día reposando en cama tras una ligera, y válgame la expresión, cagalera que me ha obligado a tomarme ese día de retiro y desierto, para una vez renovadas las fuerzas ponerme manos a la obra, con la escritura. Prometo de antemano ser largo, así que perdón y paciencia.
En alguna ocasión pensé compartir las diferentes manifestaciones de fiesta que veo a mi alrededor. Hay mucho que aprender de cómo un pueblo sabe celebrar esos momentos y fechas que consideran importantes en su vida. Estaba seguro que la Navidad sería una ocasión magnífica para aprender de ellos, y así ha sido. Pero no quisiera limitarme a las celebraciones religiosas, si bien son a las que más fácil acceso tengo.
Una de bodas. Hasta ahora sólo he estado en la de una pareja de jubilados, ella protestante y él catecúmeno cristiano. Se celebró en el patio de su casa a la sombra de un magnífico maguero como mejor testigo del Creador. Él fue bautizado, confirmado, recibió su primera comunión y se casó, todo en la misma celebración. Ella casi no comprendía el francés y necesitaba de traductor al baulé. Su “Sí” sonó como un “aaahamm” que les dejó unidos para el resto de sus días. Los invitados no llegamos a la veintena entre familiares, vecinos, clero y miembros de la comunidad parroquial. No faltó la alegría y la fiesta, todo como Dios manda entorno a la mesa, que primero fue altar para la Eucaristía, y después mesa de banquete con abundante vino de palma y como plato sólido unos trocitos de bizcocho casero, con platito del ajuar y cuchara reluciente, yo creo que simplemente era para adornar. Hubo fotógrafo oficial, y dj que amenizó el baile y el cante de los invitados.
Sin ser invitado, he podido sentir de lejos como las celebran tradicionalmente. Se pasan toda la tarde y noche cantando y bailando cantos muy africanos, repetitivos y algo cansinos de voces roncas y muchas palmas acompasadas. Los musulmanes se pasan tres o cuatro días para casarse. El día fuerte es el jueves y puedes ver un desfile de velos y chilabas bordadas que van al festejo. Estos cantos son más pesados si cabe, pues son con grandes bafles a modo de verbena de pueblo, con un chinchinpun insoportable hasta la salida del sol… y así durante tres días. La primera vez que los escuché pensé que se trataba de un funeral, pues se celebran de manera muy similar, pero con menos días de animación. También se conoce que es boda musulmana cuando ves un grupo de hombres juntos por un lado y mujeres por otro. El recién casado no deja pasar la ocasión del festejo para medir un dinerito a todo aquel que vea.
Esta práctica de pedir dinero en las grandes fiestas es muy habitual, y la hacen todo el mundo desde pequeños a grandes, musulmanes y cristianos. Me recuerda a nuestro aguinaldo, pero sin villancicos, anís ni polvorones. Se requiere portar las mejores vestimentas que se tengan y desear un buen deseo, con “bonne fête” basta. Se hace tanto en “la Tabasky” fiesta musulmana, como en “la janvier” (Año Nuevo) donde te desean “bonne année de l’argent” (buen año de dinero) y te extienden la mano. Es digno de ver las calles con ese bullicio de niños desfilando con tan variados modelos y colores. Verdaderamente la calle se viste de fiesta con sus habitantes sin necesidad de recurrir a lucecitas ni guirnaldas. Ellos alumbran con luz propia.
La Nochebuena-Navidad me pilló desprevenido sin saber en qué consistiría. Aquí la Nochebuena no existe, y toda la fiesta comienza después de la Misa de Medianoche, cuando ya es Navidad. Claro que de eso me enteré a posteriori y me tocó repetir cenas. La de Nochebuena la pasé más sólo que nunca, José Mª y yo en un mano a mano y a base de unas sabrosísimas latitas venidas en un paquete desde España. Nunca tardaré tan poco rato en preparar una cena de Nochebuena como este año. Hubo de todo, turrones, polvorones y un villancico redentorista cantado en español. La Misa de Noël fue una gran fiesta en alegría, cantes, bailes, vestidos, felicitaciones. Hay momentos en los que los presentes improvisan y dejan salir sus expresiones de gozo contagiando al que tienen al lado. Como de costumbre en cada Eucaristía fueron dos horas de verdadera comunión. Y una vez celebrado como Dios manda el Nacimiento de Jesús, es turno para comer, beber y bailar. El responsable de la catequesis, Andrés, me “secuestra” y me monta en su moto para llevarme a su casa, donde vamos a celebrar la Navidad. Es decir comer hasta que se acabe, beber un poco y danzar mucho. Estamos en el exterior, no puedo decir a la sombra del manguero, pues es de noche, pero la naturaleza nos protege. Está toda su familia, grandes y chicos, algunos vecinos, y se van incorporando algunos amigos que pasan por la calle. Todos tienen un sitio en la mesa y en la improvisada pista.
El día siguiente fue totalmente diferente. En esta ocasión he de decir que nunca he comido en Navidad con tanta gente y tan en familia como ese día. Es costumbre que cada CEB (Comunidad Eclesial de Base) se junten para comer. Cada familia aporta algo de comida para todos. Los redentoristas somos invitados a una de ellas. Se vive la fraternidad, la amistad, la sobreabundancia de los dones (no solo alimenticios). Ha sido precioso el haber celebrado la Navidad entre la gran familia de los hijos e hijas de Dios, entre la hermandad que viven los cristianos de san Marcos de Broukro. Tras comer, como hacemos entre la familia, vamos a visitar y desear “Joyeux Noël” al resto de hermanos de las otras CBEs. En todas encontré una gran acogida y alegría a la que era fácil sumarse, rompiendo en risa cuando me ponía a bailar con ellos en los patios de sus casas.
La Nochevieja la pasé de manera similar a la Nochebuena, pero esta vez acompañado de mi hermana Carmen que estaba alucinando con tanta algarabía. Nuestra primera cena también fue a la española, esta vez a base de jamoncito y embutiditos deliciosos con sus correspondientes polvorones a más de 30º y al airecillo del ventilador. No hubo este año uvas ni sidra. Como con la Navidad, el Nuevo Año no comienza hasta pasadas las 24h., así que no tiene sentido empezar a comer y celebrarlo antes. Aquí los cristianos pasan de un año a otro celebrando la Misa, por lo que tocó unirse a todos. A las 12, hora española, estábamos escuchando el Evangelio, y a las 12, hora marfileña, terminando de comulgar. La acción de gracias, ya en el 2010, fue una explosión de júbilo, gritos, palmas, aplausos, bailes, congas y un sinfín de expresiones de gozo. Pareció la inauguración de unos Juegos Olímpicos, cuando el cura dio por entrado el “Nuevo Año 2010 de Nuestro Señor”. No hubo necesidad de relojes, pero sí que sonaron las campanas. Y luego a seguir de fiesta…
En estos momentos las celebraciones son otras, esta vez futbolísticas pues se está celebrando la Copa de África. La Côte d’Ivoire es la clara favorita, y la gente vibra con cada partido y cada jugada del héroe nacional Didier Drogba, y si además ganan entonces ya es el acabose, y toda la ciudad retumba en un griterío impresionante, similar al que se escucha cuando en mitad de la noche vuelve la luz eléctrica tras varias horas de corte.
Como me he extendido demasiado prometo escribir próximamente sobre este evento deportivo, pero ya con nuestra selección como ganadora y copa en mano de “los elefantes”.
Hasta la próxima¡
Miguel C.Ss.R.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad


Desde tierras africanas, tierras de esperanza, deseo compartir con todos la alegría y el gozo que esta misión en Costa de Marfil me está aportando.

Es una gracias ver como sólo los sencillos pueden hacer grandes con sus formas sencillas de celebrar las pequeñas cosas de la vida, como pequeño fue el hecho de un Niño recostado en un pesebre.

Verdaderamente uno siente que Dios visita cada día su Tierra y se hace uno de nosotros en cada pobre y sencillo de este mundo. Nuestro Dios sigue naciendo, sigue siendo Enmanuel, Dios-con-nosotros. La Navidad sigue sucediendo cada día en África. Sí, C'est l'Afrique.
Que Nuestro Redentor renueve cada día nuestra Esperanza
En el siguiente enlace podeis acceder a un video-felicitación con las fotos de estas vivencias, e interesantes cantos (incluidos villancicos españoles cantados por jóvenes y niños) con los que quiero felicitar. La calidad es toda la que la tecnología me ha permitido.
¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2010!
con cariño Miguel C.Ss.R.

martes, 8 de diciembre de 2009

La paciencia de África, se llama Esperanza


“Paciencia, se acerca el tiempo de la espera… ¿y cuándo no es Adviento en esta Tierra?”, con estas palabras intercambiadas chateando con una amiga, iniciaba hace 10 días este tiempo de Adviento. No tengo muchos símbolos que me recuerden el tiempo litúrgico en el que nos encontramos, salvo el color morado de estolas y casulla. Me resulta muy difícil creerme que la Navidad está tan próxima. Aquí no veo símbolos cada domingo de Adviento, no hay corona de Adviento, no hay marchas solidarias, ni rastrillos solidarios, no se vende lotería, no se comen mantecados, no se escuchan villancicos, no ves belenes (salvo en mi cuarto que me he instalado uno de papiroflexia) ni árboles de Navidad, no hay lucecitas en las calles, no hay campañas de grandes almacenes, no hay anuncios de juguetes, no ves gordos vestidos de rojo ni tan siquiera el gordo de Navidad, no ves carteles de macro cotillones, no hace frío, no hay nieve ni de esa de mentirijilla…
Sin embargo este está siendo verdaderamente un Tiempo para la Esperanza como nunca antes lo había vivido. Quizás toda esa falta de elementos me hayan obligado a vivirlo con los oídos bien abiertos y los ojos bien despiertos. En Adviento, la paciencia de África se llama Esperanza.
Hace pocos días Jul y George, unos señores del barrio me preguntaban cómo veía la Côte d’Ivoire, tanto religiosa como social y políticamente. Dos aspectos dirigieron mis respuestas:
1. No puedo olvidar que acabamos de salir de una guerra, que ésta aún está muy cercana y sus consecuencias son aún evidentes;
2. No puedo olvidar que la sociedad y la Iglesia son muy jóvenes, que me encuentro ante una Iglesia naciente que camina en los inicios de su Historia;
“pero sobre todo la veo con esperanza, con mucha esperanza”. Su reacción fue inmediata: “entonces hermano, le esperamos después de que se ordene, ésta es su casa”.
Esta conversación me inspiró el tema que hoy os comparto. En este tiempo en el que a mí me faltan símbolos, y en el que en otras partes éstos ya no dicen nada, me propongo señalar 10 signos para la Esperanza, pues estos nunca faltan. Y también le he pedido a mi amigo Alejandro que comparta con todos sus propios 10 brotes de Esperanza, si bien no ha conseguido pasar de siete.
Comienzo por los míos para dejarle a él el cierre de este post y la última palabra.
1. El 17 de octubre comenzaron a circular los primeros autobuses urbanos en Bouaké.
2. El 1 de noviembre los cristianos pudieron volver a peregrinar juntos por las calles de la ciudad para ir a recordar a los difuntos en el cementerio, tras la interrupción desde tiempos de la guerra por el 2002.
3. El 1 de agosto se ordenaron sacerdotes en Broukro los dos primeros redentoristas marfileños, Michel y Hervé. Y el 5 de noviembre Alberto es el primer miembro del Gobierno General Redentorista que ha vivido en la misión de Côte d’Ivoire.
4. El 29 de noviembre no se celebraron las elecciones por dificultades para realizar los censos electorales y se decidió esperar. La semana pasada comenzaron a publicarse los censos electorales para consulta y reclamación de la población.
5. En el curso pasado los redentoristas abren el Dispensario Médico Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro de Broukro, donde cada día muchos se encuentran con la salud.
6. El 15 de noviembre llegan dos jóvenes, Denis y Eliseo, a Broukro para continuar sus estudios de secundaria. El Colegio IMES ha sido reabierto por iniciativa privada, después de ser abandonado en el tiempo de guerra, y el “Victor Hugo” ha aumentado en 100 alumnos respecto al año pasado llegando a los 400.
7. El 22 de septiembre se encontraron por primera vez representantes de la comunidad cristiana de San Marcos, con su párroco José Mª a la cabeza, con los miembros de la Mezquita de Broukro. El próximo 4 de febrero se celebrará una boda mixta entre musulmán y católica.
8. Didier, Alexandre o Wilfredo son la primera generación de cristianos de sus familias, los padres del último, por medio del hijo han conocido a Jesucristo y pronto serán bautizados.
9. El 6 de diciembre a la salida de misa, un grupo de voluntarios de varias ONGs vacunaban de la polio a todos los niños menores de cinco años.
10. Los jóvenes de Broukro optan por la vida sana y son infatigables jugando al futbol como el ídolo nacional Didier Drogba. Los “campos de futbol” en el barrio sobrepasan la media de cualquier ciudad europea.
Y en estos otros siete signos, mi amigo Koffi Nda YAO Alexandre, Alex para los amigos, encuentra esta Esperanza que África mantiene viva a cada instante:
1. Comienzan a verse nuevas infraestructuras en el barrio de Broukro.
2. Esperamos confiados el retorno definitivo de la paz en Côte d’Ivoire.
3. El desarrollo del proceso electoral se está produciendo en mejores condiciones.
4. Se rehabilita un campamento Scout que había sido destruido con los acontecimientos de la crisis, la guerra.
5. Vuelven a instalarse en la Côte d’Ivoire muchas de las empresas que se marcharon.
6. Disminuyen los precios de los medicamentos en las farmacias.
7. Esperamos que la Côte d’Ivoire logre la Copa de África de futbol.

lunes, 23 de noviembre de 2009

África mi Maestra


Hola de nuevo. Hoy voy a tratar de contar algo sobre el sistema educativo en Côte d’Ivoire. Puede que lo que comparta no sea del todo cierto, y es que cada vez que pregunto cómo es dicho sistema obtengo una respuesta diferente. La verdad es que es un auténtico lio y desorden. Dicen que oficialmente el curso se inauguró por el 15 de septiembre, pero el miércoles pasado encontré a dos jóvenes que estaban recién llegados a un colegio de nuestro barrio. La mayoría ya piensan en las vacaciones de Navidad que serán sobre el 15 de diciembre. Recuerdo que para los Santos tuvieron una semana de vacaciones, y que en esta semana, el viernes se celebra la Tabaski, o fiesta del cordero de los musulmanes, así que habrá varios días sin clases. Los miércoles es día no lectivo en la escuela, lo que sería nuestra primaria, así que ese día el barrio se llena de chiquillería, pero tampoco es extraño ver a los jóvenes, que sí deberían tener clase, a todas horas en la calle. Tratar de conocer los horarios es una misión imposible, y ver el tablón con el cuadrante de niveles y materias es simplemente un encaje de bolillos. Eso sí todos van muy bien uniformados, ellos de color beige, y ellas con blusa blanca y falda por los tobillos azul marino. Los zapatos ya pueden llevar los que quieran, pero hasta hace poco el “papá Estado” obligaba a utilizar zapatos cerrados, si bien los subvencionaba. Esto es sólo un ejemplo de cómo esta gente ha estado siempre dependiendo del gobierno de turno, y conformándose con lo que recibían, impidiendo un auténtico desarrollo, y anulando la iniciativa y motivación, pero eso es otra historia. Esta mañana he visto a los jóvenes uniformados ir para sus colegios, pero al poco rato los he vuelto a ver volver para sus casas. Esa es la tónica desde hace dos semanas y parece que se alargará hasta el 5 de diciembre. La causa es que los profesores están de huelga, y los alumnos tan contentos. El motivo de la misma, os lo imagináis, los sueldos. Antes los profesores eran alojados en casas por parte de “papá Estado”, pero eso se acabó y ahora reciben una limosnita que se suma al sueldo base destinada a la vivienda. Otra ayuda a dicho sueldo está en función del número de hijos que el “funcionario” tenga, y como éstos son numerosos, puede que en el mejor de los casos lleguen a los 300€ mensuales. Lo que se refiere a la Universidad sigue siendo un misterio para mí. Bouaké llegó a tener un gran campus, pero durante la guerra de 2002 fue saqueado y está abandonado, bueno ahora se ha convertido de manera espontánea en un vertedero de basuras. Dicen que sigue habiendo universidad aquí, pero nadie me dice donde, ni cuando comienzan las clases. Desde que llegué he logrado saber que están de “composición” algo así como los exámenes, pero éstos no tienen fecha fija, dependen de cuando el profesor de turno quiera venir desde Abidjan para que los alumnos hagan su prueba. Estas pruebas además son siempre en la misma aula para todas las carreras, así que nunca sabes cuándo te tocará. Quienes ya han hecho algunas “composiciones”, siguen a la espera de resultados, pero como la paciencia es aquí una de las mayores virtudes, nadie se inquieta por ello. Puede que para enero ya sepan algo, y es posible, dicen, que en enero algún profesor venga a Bouaké para impartir alguna clase durante algunos días, y luego al cabo de varios meses vuelva para las siguientes clases. Pese a todo, hay gente bien formada y preparada. La fuerza de voluntad de los estudiantes juega a su favor.
Mi contacto directo con la enseñanza ha sido en centros privados de secundaria, dividida de 6º a 3º; y de 2º a Terminal. Estos hacen menos huelgas, pero también las hay para pedir el reconocimiento con todos los derechos de dicha educación, así como la obligatoriedad de la primera etapa de la secundaria. Aquí los salarios van por horas trabajadas, pero son bastante bajos e injustos. Algunos centros las pagan a 600 francos (0’9€), con lo cual el profesor debe pagar el transporte (0’45€) e incluso las tizas que vaya a utilizar. Los buenos centros las pagan a 1000 francos (1’5€), así que con un poco de suerte puedes llegar a las 15 horas semanales y recibir por mes unos 60000 francos (90€). La mayoría de estos profesores tienen que buscar clases en varios centros de la ciudad. Los alumnos pagan por curso entre 50 y 70 mil francos (75-100 €), fraccionado en tres pagos como mínimo.
He estado dando algunas clases de español en un “prestigioso” College, para crear un proyecto de intercambio y comunicación con los alumnos de nuestro Colegio Redentorista de Madrid. El director y la “fundatrice” presumen de ser el primer centro privado de toda la Costa de Marfil desde 1966, sólo 6 años después de la Independencia de Francia, y de haber tenido unos 3000 alumnos justo antes de la guerra de 2002, incluso de que tres de los actuales ministros han estudiado en “el Victor Hugo”. Hoy son 400 los alumnos, y gracias a que la tendencia va en aumento, pues el año pasado fueron tan solo 300. La guerra o crisis como aquí le llaman, obligó a demasiadas familias a huir de Bouaké, la capital de los rebeldes y sus hijos dejaron de estudiar. Parece que poco a poco la situación se está restableciendo, pero aún queda demasiado por hacer. Por lo pronto este ligero aumento de alumnos se vive como un signo de paz y de mucha esperanza. Cuesta demasiado construir sobre lo que en un instante fue destruido. Pese a la “gloriosa” historia de dicho centro, su aspecto recuerda a los Grupos Escolares de nuestros padres o abuelos. Pequeñas aulitas con sus pupitres de madera y sus bancos repletos de chavales. Nada de ventanas, nada de pintura, nada de solería, nada de carteles, nada de mapas, ni de libros, diccionarios (ni de ordenadores por cada dos alumnos). Los alumnos no han sido capaces de situarme España en un dibujo que les hice en la pizarra, para ellos estaba dentro del mismo Mediterráneo, junto a Rusia, en Sudamérica, en Madagascar, o incluso en la mima África (esto sí que es alianza de civilizaciones). Para mi consuelo tampoco sabían dónde estaba Francia, y eso que es la lengua que hablan, además del español que aprenden (bueno… yo seguiré llamándome para ellos Migüel, pues es imposible que lo aprendan, mi paciencia ha dejado perder esa batalla). Los útiles de trabajo del profesor son, la pizarra (de madera pintada en negro), la tiza, la esponja, un libro de novena mano y su voz. Los de los alumnos, su cuadernito con los pitufos en su portada o el nuevo “superhéroe Obama”, su boli bic, y toda la imaginación y trabajo del mundo. Por cierto una dificultad añadida es que en la misma clase hay chicos de las edades más dispares y motivaciones más diversas.
Me he vuelto a extender, pero no quiero acabar sin agradecer y rendir mi pequeño homenaje a todo el personal que se dedica a la educación de los niños y jóvenes, tanto aquí como en España, con todos las dificultades como sabemos que la comunidad docente sufre. Felicidades a todos por vuestra dedicación, compromiso y entrega. “Enseñar a quien no sabe” es una obra de misericordia que el Padre os sabrá premiar.
Y para todos los estudiantes, “dejarse enseñar”, es simplemente una obra de inteligencia y sentido común, desaprovecharla y dejarla pasar teniendo la oportunidad de estudiar y aprender (y vosotros las tenéis de sobra) sería poco menos que una de las mayores estupideces que podríais hacer. Como aquí se da ánimo: ¡Coraje¡¡¡¡ y adelante¡¡¡¡
Yo por el momento continúo dejándome enseñar por cada una de estas experiencias que Dios me está permitiendo vivir en África. C’est l’Afrique, pues África es mi Maestra y tiene mucho que enseñar.
Hasta la próxima. Miguel C.Ss.R.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Noviembre y la muerte en África

“Dichoso mes que comienza con Todos los Santos y acaba con San Andrés”, sin embargo Noviembre es el mes por excelencia en el que recordamos a los difuntos. Hoy quiero compartir algunas experiencias entorno a la muerte. Si uno quiere saber cómo es un pueblo, como vive, cuales son sus pilares y valores fundamentales, como aprecia la vida… entonces está obligado a conocer la manera de despedirse de sus seres queridos, así como el modo de recordarlos. Estoy convencido que no hay nada más humano que nacer y morir, y para los cristianos morir es un nacer para siempre. Es por eso, simple y llanamente, por humanidad, por lo que los cristianos consideramos el enterrar a los muertos como una obra de misericordia. Todo lo que voy a contar sobre la muerte en Costa de Marfil, habla verdaderamente de su misma vida. Es cierto que siempre me ha chocado que en nuestra actual cultura europea, tratemos de esconder la muerte, separándola de la misma vida, bajo escusas psicologizadas de poder traumatizarnos. Hoy me reafirmo en que es un gran error y un atentado contra una verdadera “memoria histórica” respecto a nuestros antepasados y a todos nuestros hermanos.
La primera vez que acudí a un “levantamiento del cuerpo”, (el día en el que el cadáver sale de las cámaras frigoríficas para llevarlo al pueblo donde finalmente será enterrado) Mamá Therese llevaba muerta más de diez días, a la espera de que la familia recaudase suficiente dinero para poder despedirla como se merecía. He de confesar que acudí más que nada por curiosidad, pues no conocía a nadie de la familia. Era primero de mes y todos los suyos habían cobrado y se pudieron hacer las ropas para la fiesta en plan uniformados con el mismo paño africano. Bajo el apatám colocaron el blanco ataúd, recubierto con un majestuoso paño baulé. Entorno a él, todo el mundo venido desde sus respectivas ciudades y poblados para despedirse de ella. Nada de llantos ni lutos por lo que me resultó imposible descubrir quienes eran la familia directa, (la familia africana es mucho más que padres, hermanos, primos y tios) además muchos portaban grandes cuadros con la fotografía de la abuelita. Fue un primer contacto, que por tratarse de una persona anciana tenía olor a fiesta.
El segundo caso fue mucho más doloroso. Fue la primera vez que pude llorar en África. A la vuelta de un viaje nos anuncian la muerte de Cecile. El jueves será la vigilia-vela, y el viernes el levantamiento y entierro. Esta joven de 34 años, con dos hijos, era alumna del centro de desarrollo social que los redentoristas tenemos en Broukro, y aprendía alfabetización y costura. Tras visitar a sus compañeros y expresarles mis condolencias, me invitan a acompañarles hasta la casa de la familia de su amiga y compañera. Ciertamente mi temor era no ser capaz de decir palabra por mi torpeza con el idioma, pero no hizo falta, pues toda palabra sobraba. Simplemente impresionaba ver a sus cerca de 30 compañeros con sus camisas azules y faldas o pantalón negro, simplemente consolando con su presencia y con su llanto expresando el cariño a la familia. En la noche, como una procesición, van los cristianos de la comunidad parroquial de San Marcos, acompañados de sus linternas, uno tras otro, para la vigilia de oración en la calle frente a la casa donde vivía Cecile. Han alquilado unas carpas para la ocasión, con sus sillas, sus luces y bafles. Más que una vela, parece una velada lo que vamos a tener, la música anima la noche. Todos los redentoristas nos hacemos presentes, para dirigir la oración y no sólo acompañar a la familia, sino a toda la comunidad parroquial que siente la pérdida de quien en un tiempo había sido catecúmena pero no llegó a poder ser bautizada. No faltó la hospitalidad en forma de refrescos para todos, o después con algo de comida para los venidos de lejos. La comunidad cristiana ayudó no sólo con la oración y consuelo, sino con una colecta. Morir es el mayor gasto de la vida de una persona.
El “levantamiento del cuerpo” en esta ocasión nada se parecía al de la primera vez. Igualmente en el centro el féretro y todos alrededor. Cubierto por una sencilla tela azul, arropada por su familia, hijos que nos conmovían a todos por la entereza al despedirse de su madre, y sus compañeras que desesperadas rompían en llantos y gritos. Impresionantes las palabras y gestos del sacerdote, Montes, que dirigió a familia, hijos, y compañeros especialmente, palabras de mucho consuelo, y esperanza. Impresionante igualmente el canto del “A-Dieu Cecile, A-Dieu”, que ante el rostro sin vida de la amiga, varios miembros de la comunidad le cantaban. Aquí sólo se dice la palabra “adiós”, para despedirse para siempre de alguien, indicando claramente el lugar al que se dirige, a los brazos del Padre Dios. También el agua bendita recordó que Cecile es una de los nuestros, en recuerdo del llamado “bautismo de deseo del catecúmeno”, ya que la muerte le impidió realizarlo, ahora Dios a buen seguro la ha llevado a buen puerto junto a Él.
El ceremonial continúa más tarde en el cementerio. Todos seguimos acompañando el cuerpo sin vida hasta su último reposo, entre las altas hierbas y los gigantescos árboles. Al fondo bajo uno de ellos se encuentra la fosa. Continúan las oraciones para este duro momento final, se bendice la tumba por varios de los presentes, en recuerdo del bautismo cristiano, incluso algún musulmán roció con el agua bendita la tierra, un gesto que creo que sólo me habló a mí y que para el resto era de lo más normal. Finalmente se introduce el ataúd, y dentro colocan los regalos, numerosas mantelerías, telas, paños, que cubren directamente el cuerpo de Cecile. Es la forma de expresar el cariño, aquí no se suelen usar flores en los funerales. También veo que han metido una cazuelita, un poco de pan y un vaso. Una vez cerrado lo cubren todo con tablas y la sencilla tela que antes cubría el ataúd. Poco a poco y conforme todos depositamos nuestro puñado de tierra, nos vamos retirando. Un último gesto me ha sobrecogido, son los dos hijos de Cecile cogidos de la mano, sin separase uno del otro. La otra mano libre, del hijo más pequeño, con los restos de la tierra pegados a la palma de su mano, tras haber enterrado a su madre. Verdaderamente Dios hace fuertes a los pequeños y los débiles.
Hasta aquí el momento de la muerte, ahora un poco de cómo se recuerda a quienes nos han precedido en la vida, es decir, fiesta de todos los difuntos.
El día 1 celebramos a todos los Santos, pero desde ya se comienzan a recordar a los difuntos. Una larga lista de más de 15 minutos leyendo nombres de familiares muertos, abre la eucaristía de este domingo. A la tarde tenemos “peregrinación” al cementerio municipal. Una procesión de los cristianos de la ciudad para honrar a sus antepasados. Esta costumbre se había interrumpido a causa de la guerra, y este año se vuelve a recuperar, pues parece que los rebeldes están más tranquilos y se goza de cierta paz entorno al cementerio. Eso de que tras la muerte decimos de “descanse en paz” no era tan evidente en Bouaké. Bajo una abundante lluvia, y tras los monaguillos y sacerdotes, todos vamos en procesión entre cantos y rezo del rosario sorteando charcos y barro. Por el camino, la gente va recogiendo las flores que van encontrando. Recuerdo ese precioso árbol florido que fue asaltado por todos como si de cabrillas ante el apetitoso arbusto se encontrasen, todos agarrados arrancando las flores que luego irán depositando sobre las tumbas, especialmente en aquellas que nadie acude a visitar ni recordar. Una vez en el camposanto los curas se van distribuyendo y regando con bendiciones y oraciones a los difuntos y familiares. Después los parroquianos van solicitando la presencia del cura para que rece ante la tumba de su ser querido. Aquí todo el mundo se entierra en tierra, y los que han podido lo arreglan con unos azulejitos preciosos. A buen seguro el difunto no había visto en su casa jamás un cuarto de baño, ni una cocina tan bellamente arreglada. Entre este recorrido me sobrecoge la historia del hijo de nuestro presidente del consejo parroquial, que fue asesinado en la puerta de su casa, en nuestro mismo barrio, cuando en la guerra los rebeldes asaltaban las casas para saquearlas. Tenía 25 años y esperaba un hijo. De esto hace tan sólo 3 años. No escucho ninguna palabra de condena, de odio, ni rencor, simplemente de recuerdo, cariño y oración por la verdadera y duradera paz en el país. Me sorprende lo reciente de todos estos acontecimientos, y comprendo el por qué de tanto deterioro y destrucción. Hace falta mucho tiempo para reconstruir lo que en un instante fue destruido, familias y personas incluidas. La fe ayuda, sin lugar a dudas, a superar todas estas dificultades, así lo he aprendido de esta familia que reza ante el hijo y hermano muerto.
De vuelta una tumba capta mi atención. En ella puedo ver a un matrimonio enterrado junto, uno bajo la cruz cristiana, y otro bajo la media luna musulmana. Esto es ecumenismo más allá de la muerte. Cada uno fiel a su fe, y fiel a su marido o mujer. Ambos juntos en el único Dios.
El día de los difuntos también trajo su curiosidad y aprendizaje. El clero y religiosos de la ciudad han quedado para visitar las tumbas de los padres y hermanas aquí enterrados. Ha sido una lección rápida y completa de toda la historia de esta joven y naciente Iglesia de la Diócesis de Bouaké. Comenzamos en la catedral ante la tumba de único obispo que ha muerto, Mgr. Vital. Luego seguimos este “tour de la morte”, por varias iglesias y finalmente el que quiere ser cementerio diocesano. En total no llegan a 10 los curas y monjas que aquí reposan. Sin duda la historia de la Iglesia aquí no ha hecho más que empezar.
Por cierto aquí no hay buñuelos, castañas asadas, ni huesos de santo para celebrar estos días. Eso sí las escuelas y colegios has disfrutado de una larga semanita de vacaciones.
En fin hoy me he extendido demasiado.
Para los redentoristas, religiosos o laicos, simplemente felicidades en el 277 aniversario de la Congregación y por el nuevo Gobierno General. Para los madrileños o habitantes de la Real Villa de Madrid, felicidades en el día de la Patrona la Virgen de la Almudena. Para todos (y todas) un fuerte abrazo y millones de besos (aquí jamás se besan, así que tengo para todos. Eso sí la mano creo que me la van a desgastar, a todas horas te estrechan la mano, ¿será por eso por lo que tienen la palma tan blanquita?
Bueno hasta pronto¡¡¡

martes, 27 de octubre de 2009

Hoy no es un 27 de octubre cualquiera

Un 27 de octubre de 1809, hace hoy justamente 200 años, nacía y era bautizado en Heikant, cerca de Tilburg (Holanda), el que muchos, muchísimos años más tarde sería el redentorista Pedro Donders.
Muchos sabéis del cariño tan especial que tengo al Beato Pedro Donders, el apóstol de los leprosos en el Surinam, y no podía dejar pasar este Bicentenario sin escribir algo al respecto.
Seguramente muy pocos se habrán acordado hoy de este hombre santo en el día de su aniversario. Es un santito de los pequeños, poco conocido, no fundó nada, no creó nada nuevo, no fue un gran líder en su tiempo, e incluso para muchos, incluidos redentoristas, dudan de su ser redentorista y lo atribuyen a un simple golpe de suerte que se vio casi obligado a acoger.
Bendito azahar el que hizo que el misionero Pedro fuera uno de los nuestros. Benditos los inescrutables caminos del Señor que quiso que el misionero viera plenamente realizada su vocación entre los más pobres y abandonados de Surinam, como le tenía reservado, es decir dentro de la Congregación del Santísimo Redentor.
Es cierto que cuando en 1866 llegan los redentoristas a Surinam, a los sacerdotes que se encontraban en la antigua colonia holandesa, no les queda otra que o retornar a Holanda o ingresar como redentoristas. Es cierto que para entonces Pedro Donders ya llevaba 24 años siendo misionero en aquellas tierras y tenía 57 añazos. Es cierto que para esas fechas se cumplían más de 30 años de que Pedro hubiese llamado a las puertas de varias congregaciones religiosas, entre ellas los redentoristas, y que le hubiesen rechazado por “ser poca cosa”. E igualmente cierto es que Donders, el curita flacucho, debilucho, y poca cosa, no cesaba de anunciar la abundante redención a diestro y siniestro. Es cierto que este pobre hombre realizaba un gran trabajo con sus enseñanzas catequéticas y morales entre los que poblaban las plantaciones, las selvas, y las leproserías. Es cierto que no desarrolló grandes proyectos, salvo que extendió el Evangelio y mostró a Jesucristo como amor, allá donde los hombres de su tiempo no le conocían. Es cierto que el “poquita cosa” hizo grandes obras por el Reino. Es cierto que a aquél a quien nadie quería, moriría rodeado de sus cohermanos, y de todos los suyos, los pobres, los más abandonados. Es cierto que aún hoy, al menos para algunos, sigue siendo un modelo de paciencia, de entrega, de misionero y de redentorista. Si queréis saber más visitad la página http://www.redentoristas.org/beatopedrodonders.html#pedrodonders
Celebrar este día de fiesta, aunque sólo haya sido tomando una fresquita Flag, la cerveza de la Côte d’Ivoire, durante la cena con mi comunidad, supone para mí un impulso a seguir anunciando con “poquitas y pequeñitas cosas” al Dios que nos ama con pasión.
Estar hoy en África y recordar a este misionero, es una gran fuerza para sentir como es la misión del redentorista: callada, esperanzada, cercana, abierta, reconciliadora, alegre y apasionante.
En esta “cuaresma” que hoy cumplo, tras estos cuarenta días con sus cuarenta noches, muchas veces he experimentado la tremenda pobreza de no poder comunicarme, de no poder expresar ni anunciar como quisiera, de tener que ayunar de la palabra. Cuando descubres que la mejor limosna que pues dar, cuando todo el mundo te está pidiendo y no tendrías para todos, es mostrar ese amor abundante con el que Cristo nos ha inundado. Cuando tu oración se hace fuerte, y se hace viva en cada situación de dolor y de injusticia, pero siempre oración alegre. Entonces, es cuando brota en mí un canto dando gracias por el enorme don de ser misionero redentorista, como Pedro Donders, al modo de los que haciendo pocas cosas, siendo poca cosa, y apenas con tres palabras, se atreven a decir “Seigneur, merci beaucoup”.

domingo, 18 de octubre de 2009

En el día del DOMUND, desde tierras en misión

Hoy se cumple mi primer mes de estancia en Côte d’Ivoire, y que mejor modo de celebrarlo que en este día del Domund, Domingo Mundial de las Misiones. No creáis que me ha resultado fácil saber que este domingo es el Domund. Aquí es simplemente el 29º del Tiempo Ordinario. Gracias a mis agendas que vienen de España me he entero de estas y otras efemérides y de los típicos “días de…”. Por ejemplo ayer supe que era el “Día Mundial de la Alimentación”, o que el próximo 23 será el “Día internacional para la erradicación de la pobreza”. Aquí sencillamente no es necesario recordar que cada día hemos de comer y que hemos de trabajar para acabar con la pobreza del mundo. Todos los días del año son 16 y 23 de octubre. No es necesario fijar un domingo de las misiones, pues cada día del año aquí la Iglesia es misionera.
Para los que de un modo especial hoy recordáis a los misioneros, me gustaría presentaros a uno de ellos. Se llama José María, aunque aquí es conocido como “le vieux”, “le pére ‘pádré’” o “le grand pére”, y es que para esta gente “viejo” o “abuelo” suena a condecoración del más alto nivel. Él es Misionero Redentorista y lleva unos 40 años en África, desde 1993 en Costa de Marfil, él fue el primer redentorista que llegó aquí, y desde entonces aquí sigue. No siempre ha sido fácil permanecer sobre todo cuando el país pasó por la “Crisis” de 2002. “Crisis” es como llaman a la guerra que sufrieron los marfileños, la otra crisis de la que oímos hablar tanto actualmente, aquí produce risa. Como digo en plena Crisis, él decide quedarse junto a los suyos, los que sufren, los pobres que Dios le ha encomendado. En estos 16 años ha tenido muchos y variopintos compañeros, pero él no se marcha. Algunos regresaron a sus países, otros salieron, y otros entraron para siempre en la casa del Padre, como Carlos Martinez. Otros estamos recién incorporados a esta misión, como son los dos primeros sacerdotes redentoristas marfileños, o como es mi caso en este año pastoral. Pese a las muchas dificultades, “le vieux” siempre ha sabido estar cerca de los predilectos de Dios, los pobres, los más abandonados.
Ese es el mérito del misionero y esa es su misión: acompañar, acoger, saludar a tiempo y destiempo, estar junto a quienes le reclaman, escuchar, calmar, consolad, ayudar… proclamar que Cristo es salvación para todos y cada uno de quienes él ama.
Como José Mª me dice, él no es un héroe, pero como yo le digo con el poco francés que voy aprendiendo, él sí que es “un heureux”, es decir, un bienaventurado, un hombre feliz.
¿Quién quiere ser “un herureux”?
Allá donde uno esté puede hacer de su vida misión y ser verdaderamente feliz.
¡Feliz Domund!
Miguel C.Ss.R.

Una escalera desde Aluche a Côte d'Ivoire